Urkullu

Iñigo Urkullu y el Partido Nacionalista Vasco tienen coyunturalmente un problema: Bildu. Los pasos hacia la paz de la izquierda abertzale y la declaración de cese definitivo de la violencia por parte de la banda terrorista ha puesto en valor a una parte del nacionalismo no perteneciente a la organización fundada por Sabino Arana.

Se ha producido una reacción por parte de la sociedad vasca que premia que parte del nacionalismo deje de apoyar la violencia y, sobre todo, que los terroristas dejen de defender el asesinato como instrumento de acción política. Es posible que sea una reacción coyuntural y que, como ya ha ocurrido en las municipales, les lleve a ocupar un puesto llamativo en el Parlamento vasco e, incluso, en el Congreso de los Diputados.

Esto ha generado un problema al nacionalismo moderado encarnado por el PNV, organización que ve cómo una parte de su voto se desplaza a Bildu o hacia aquellas organizaciones políticas que vayan a heredar la posición, aunque renovada, de la antigua Batasuna.

Iñigo Urkullu, mal que le pese, no es Josu Jon Imaz, pero, nacionalista de familia trabajadora -no de aquellos nacionalistas de salón o sacristía-, cree en sus reivindicaciones desde que militó en las juventudes del PNV e hizo aquel discurso tan elocuente en 1983 en Aberdi Eguna. Profesor de carrera, dicen los que le conocen que es fácil de entenderse con él.

Tras la declaración de cese de la violencia se ha apresurado por competir con el nuevo nacionalismo vasco reincorporado a la normalidad democrática, y, utilizando al presidente del gobierno vasco, al lehendakari, le ha propuesto inopinadamente adelantar las elecciones.

Tiene que entenderse esta postura excéntrica como una declaración interna, regional, hacia un electorado local ante la inminente llegada de las elecciones generales. Programaticamente no deja ninguna duda esta versión cuando le lleva al Presidente del Gobierno de España la petición expresa de derogar la ley de partidos y, más contundentemente, el cumplimiento de la norma y, por lo tanto, aplicar de inmediato la flexibilización penitenciaria en relación a los presos terroristas.

Por mucha razón que pueda llevar en relación al cumplimiento de la ley en cuanto al acercamiento de presos, por poca que tenga en cuanto al adelantamiento de las elecciones o a la elevación del mito de Aitor a categoría histórica, independientemente de todo ello, la posición de ansiedad de Urkullu, los movimientos coyunturales del nacionalismo moderado, no puede llevar a éste a posiciones tan excéntricas como inútiles. (Publicado en DiarioProgresista.es, el jueves, 27 de octubre de 2011).

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A fronte pretipitium, a tergo lupi.
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